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Y si me paso

  • Foto del escritor: Ram Barreda
    Ram Barreda
  • hace 5 horas
  • 2 min de lectura

Porque neta yo creía eso. Que ya no me iba a volver a pasar. Que esa emoción de conocer a alguien, de querer caerle bien, de querer sacar mi mejor faceta, de querer enamorar — que eso ya había sido, que ya lo había gastado, que ya me tocaba otra etapa donde uno se conforma, donde uno ya no se ilusiona igual.

Y ayer, contándole a alguien de la chica con la que estoy saliendo, me escuché. Me escuché diciendo cuánto me gusta, cómo la veo, que es ella, que es ella y ya. Y en medio de la frase entendí lo que aquella persona me había dicho hace un año. Que sí se nota. Que sí se me notaba. Que llevaba rato notándoseme y yo era el último en enterarme.

Y es que estoy súper emocionado, la neta. Es alguien que quiero ver y ver y ver. Que me nace echarle mil ganas a que sea feliz, a que esté contenta, a que la pase bonito conmigo y también sin mí. No me sale calculado, no me sale de estrategia — me sale así, de querer estar, de querer cuidar, de querer sumar algo bueno a su vida sin pedir nada a cambio.

Y creo que ahí está lo que no había entendido antes: que las personas correctas no llegan cuando uno las busca desesperado, llegan cuando uno ya soltó la búsqueda. Cuando uno ya se había hecho a la idea de que a lo mejor no, de que a lo mejor ya. Llegan en el momento en que uno está listo, aunque uno jure que no lo está. Llegan cuando uno ya trabajó lo suficiente en sí mismo como para reconocerlas cuando aparecen, y no dejarlas pasar por andar mirando pa’l otro lado.

Y ella llegó así. Sin avisar, sin escándalo, en el momento exacto en que yo ya no la estaba esperando. Y ahora que está, entiendo por qué las otras veces no eran. Entiendo por qué tuve que pasar por todo lo que pasé. Entiendo que nada estaba de más, que todo me estaba preparando para poder verla a ella con los ojos con los que la veo hoy.

No sé qué va a pasar. No me estoy adelantando, estoy tratando de ir despacio, de construir sin apurar, de no cargarle a esto cosas que no le tocan todavía. Pero solo por hoy me dejo sentir esto: que sí me volvió a pasar. Que sí soy capaz. Que no se me acabó. Y que a lo mejor, todo este tiempo, no era que no me iba a pasar — era que todavía no era el momento, ni era la persona.

Y qué bonito, la neta, darse cuenta de que uno estaba equivocado sobre uno mismo. Y qué bonito que la vida se tome su tiempo para acomodar las cosas, aunque uno en el camino jure que ya nada va a acomodarse.

 
 
 

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