Desde el día uno
- Ram Barreda

- hace 16 horas
- 3 min de lectura
Cuando estás en un duelo, te clavas con la idea equivocada. Crees que lo importante es recuperar a tu expareja. Que si vuelves, si arreglas, si dices lo correcto, si esperas tantito, algo va a pasar. Y ahí te vas, perdiendo tiempo, intentando regresar a un lugar donde en el fondo ya sabes que no es bueno volver. Un lugar que no te suma. Pero como es lo conocido, como tu cabeza ya tiene ese mapa memorizado, sigues insistiendo en que ahí es. Y no. Por algo pasó lo que pasó.
Llega un momento, y ojalá llegue rápido, en el que entiendes que lo importante es otra cosa. Lo importante es recuperarte a ti. Recuperar esa sensación de estar bien contigo. De volver a confiar en ti. De volver a brillar. Porque llevabas mucho tiempo opaco. Mucho tiempo levantándote de la cama sintiendo que pesaba todo, que dolía todo, que no había motivación para nada.
Y no fue hasta que entendiste que depende de ti, nada más de ti, que las cosas empezaron a cambiar. Volviste a entrenar. Volviste a conversar. Fuiste a terapia. Empezaste a hacer cosas que te nutren. Y poco a poco, sin darte cuenta, fuiste encontrando una mejor versión de ti. Todo se empezó a acomodar. Todo volvió a tener sentido.
Y es ahí cuando la vida te presenta a las personas correctas otra vez.
Pero aquí viene lo importante. Lo que de verdad quiero decir hoy.
Porque ya la cagaste antes. Ya fallaste. Ya viviste lo que se siente darte cuenta demasiado tarde de lo que tenías. Y esa experiencia, si la aprovechas, te cambia por completo la forma de estar en una relación.
Antes uno valoraba al revés. Valorabas cuando ya sentías que la persona se te iba. Cuando ya estaba con un pie afuera. Ahí sí, ahí llegaban los detalles, las palabras bonitas, las promesas de cambio. Ahí sí querías dar todo lo que no diste. Pero ya era tarde. Porque el amor no funciona como un rescate de último minuto. El amor se construye en los días normales, en los días donde no pasa nada, en los martes cualquiera.
Valorar a alguien desde el día uno es otra cosa. Es darte cuenta, en tiempo real, de lo que la otra persona te está dando. Su tiempo, que no le regresa nadie. Su confianza, que le costó reconstruir igual que a ti. Su vulnerabilidad, porque abrirse otra vez después de que te rompieron el corazón es un acto de valentía, no de ingenuidad. Cuando alguien te elige, te está dando lo más caro que tiene. Y eso no se da por hecho nunca.
Ser consciente de a quién tienes enfrente significa verla de verdad. No como “mi pareja” en abstracto, sino como una persona completa, con su historia, sus heridas, sus miedos, sus ganas. Preguntarle cómo está y quedarte a escuchar la respuesta. Notar cuando algo le pesa aunque no lo diga. Celebrarle sus logros como si fueran tuyos. Presumirla, cuidarla, hacerla sentir segura, no por obligación, sino porque entiendes que eso es lo que se hace cuando algo te importa.
Y también es no relajarte. Porque la comodidad es traicionera. Uno se acostumbra a lo bueno y deja de verlo. Se te olvida agradecer. Se te olvida sorprender. Empiezas a dar por hecho que ahí va a estar siempre, y nadie está siempre. Las personas se cansan de no ser vistas. Se van en silencio mucho antes de irse de verdad.
Entonces eso intento hoy. Valorar a la persona que me está dando su tiempo y su confianza. Hacer las cosas bien desde el principio, no como reacción a una crisis, sino como forma de estar. Estar presente cuando está, no nada más cuando siento que la puedo perder.
Solo por hoy, eso me toca. Y a ver qué sale.
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