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Estar presente

  • Foto del escritor: Ram Barreda
    Ram Barreda
  • hace 3 horas
  • 3 min de lectura

Llevo casi dos años tratando de recuperarme. Dos años de despertarme cada mañana y decidir, otra vez, estar presente. Estar consciente. No huir.

Y hoy, después de tanto, puedo decir que sí se nota. Que sí cambia algo. Que estar aquí de verdad aquí, no a medias, no con la cabeza en otro lado, no escondido detrás de una máscara cambia todo.

Hoy estoy conociendo a una chica increíble. Y cuando digo increíble no lo digo por decirlo. Es más de lo que yo podría pedir. Su mirada, su risa, su forma de ver la vida me está volviendo loco. Y lo más raro, lo más nuevo, es que no me da miedo decirlo. Es más muero por decirlo a los 4 vientos que estoy con ella.

Antes sí me daba miedo. Antes me habría escondido. Antes habría jugado el juego de hacerme el interesante, de medir cada palabra, de esconder las partes de mí que no me gustaban para que nadie las viera. Antes esperaba que la gente se enamorara de mí nomás porque yo era yo esa cosa egocéntrica, esa mamada de creer que uno merece amor sin trabajarlo, sin mostrarse, sin arriesgarse.

Hoy no. Hoy quiero que ella se fije en mí, pero en el yo de verdad. No en las máscaras. No en la versión editada. En el que ha metido la pata, en el que ha estado roto, en el que sigue trabajando en sí mismo todos los días.

Por eso desde el día uno le dije las cosas como son. Sin ocultar. Sin mentir. Si tiene una duda, le contesto con honestidad, con toda la transparencia, para que sepa para que esté segura y tranquila de que puede confiar en mí. Y creo que eso solo es posible cuando uno está presente consigo mismo. Cuando uno tiene claros sus errores, no solo los personales sino los que arrastró en relaciones pasadas. Cuando uno se conoce lo suficiente para no venderle a nadie una versión falsa.

Estar consciente es eso. No es una frase bonita. Es dejar de escaparte de la realidad. Es dejar de mentirte. Es aguantarte a ti mismo el tiempo suficiente para saber quién eres, qué has hecho, qué quieres. Y desde ahí, recién desde ahí, poder ofrecerle algo real a alguien más.

Y lo que estoy sintiendo ahorita no lo había sentido nunca. Este deseo de querer conectar. De querer gustarle. De querer enamorarla. De hacer planes para que ella esté contenta, tranquila, con confianza. Porque para mí eso es lo importante hoy que ella esté bien. Verla y poder imaginarme un futuro con ella y esa imagen sale tan natural y tan fácil que no me asusta al contrario me emociona lo que pueda pasar. Poder vulnerarme enfrente de ella sin salir corriendo. Poder expresarme sabiendo que sí, capaz salgo lastimado, pero que ese riesgo es parte de estar vivo, de estar aquí.

Y hoy más que nunca confío en Dios. Confío en que todo pasa por algo, que sus planes son perfectos, y que las cosas se van acomodando poco a poco. Hay veces que uno quisiera correr. Que uno quisiera que todo se hubiera acomodado desde hace dos años, desde hace año y medio, desde hace un año. Pero la vida no funciona así. Los tiempos de Dios no funcionan así. Y desde el día que le solté mi vida, desde el día que dejé que Él tomara la batuta, todo ha ido mejorando. Todo.

Hoy también está mejorando esto. Este tema con el que tanto soñé encontrar a alguien que no busca nomás pasar un bonito rato, sino alguien que quiere construir una familia, ser mamá, alguien que tiene sus valores claros y no tiene miedo de decir que ese es uno de sus sueños. Y yo hoy tampoco tengo miedo de decir que también es uno de los míos.

Solo por hoy quiero seguir así. Presente. Consciente. Honesto. Confiando. Con ella, conmigo, y con Dios.

Solo por hoy.

 
 
 

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