Tu vs tu
- Ram Barreda

- hace 2 días
- 3 min de lectura
Hay una lucha que no se ve. Que no le puedes contar a nadie porque suena a locura. Que pasa nada más adentro, en ese cuarto oscuro donde nomás estás tú y tu cabeza.
Es la lucha de sentir que no eres suficiente.
Me está pasando ahorita. Estoy conociendo a una chica. Y en lugar de disfrutarlo, mi cabeza está trabajando horas extra en convencerme de que en cualquier momento se va a dar cuenta de que no valgo la pena. Que no soy lo suficientemente guapo. Ni suficientemente inteligente. Ni suficientemente interesante. Ni suficientemente… nada.
Y aquí es donde antes me hubiera puesto una máscara. Me hubiera medido, me hubiera guardado partes, hubiera actuado como yo creo que le gusta a ella en vez de como soy yo. Pero ya no. Ya aprendí, a los putazos, que esconderme es la forma más rápida de perderme.
Entonces me muestro. Con todo. Con lo raro, lo intenso, lo mío, lo que me da miedo enseñar. Sin filtro, sin poses, sin fingir que soy más ligero de lo que soy.
Y aun así la cabeza no para.
Porque el pleito ya no es qué versión de mí enseñar. El pleito es que una parte de mí sigue creyendo que ni mostrándome completo voy a ser suficiente. Que aunque me abra entero, va a faltar algo. Que la voy a ver alejarse justo cuando me viste como soy, y ese rechazo va a doler más que cualquier otro, porque no me estarán rechazando por una versión editada, me estarán rechazando por mí.
Y en ese hueco, cada mensaje que tarda en llegar es una señal de que ya no le gusto. Cada respuesta corta es un aviso de que ya se aburrió. Cada silencio es el principio del fin.
Neta agotador.
Lo peor es que no hay con quién hablarlo. Porque si le cuentas a un amigo lo que traes en la cabeza, te va a decir “wey, cálmate, estás pensando cabronadas”. Y tiene razón. Pero eso no las apaga. Nada más te hace sentir más pendejo por pensarlas.
Entonces te lo tragas. Sonríes en el chat, contestas normal, actúas chill. Mientras adentro se está peleando una guerra en la que tú eres el enemigo y también la víctima. Tú el que ataca, tú el que se defiende, tú el que pierde.
Y lo que más me caga es saber de dónde viene. Porque no es la chica. La chica no ha hecho nada. La chica probablemente ni sabe la mitad de las historias que me estoy contando sobre ella. Todo esto lo estoy generando yo. Cada duda, cada miedo, cada “seguramente ya no…”, lo estoy fabricando yo solito en mi cabeza.
Soy yo el que no confía en mí. Soy yo el que no se cree suficiente. Y por eso doy por hecho que el mundo tampoco me va a creer suficiente.
No tengo la solución. Si la tuviera, no estaría escribiendo esto. Pero por lo menos hoy me atrevo a decirlo en voz alta, aunque sea aquí, en un post que a lo mejor nadie lee. Porque callarme lo que traigo adentro también es una forma de traicionarme.
Solo por hoy voy a intentar creerme que sí soy suficiente. No porque lo sienta, sino porque me lo debo. Y si mañana no puedo, pues mañana lo peleamos otra vez.
Tú contra tú. Todos los días.
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