top of page

Reflexión

  • Foto del escritor: Ram Barreda
    Ram Barreda
  • hace 3 días
  • 2 min de lectura

La neta nunca habíamos tenido tantas formas de conocer gente y nunca habíamos sido tan malos para quererla.

Es raro, ¿no? Traemos a medio mundo en el bolsillo, a un mensaje de distancia, y aun así andamos todos medio solos, medio a medias, esperando algo que ni nosotros sabemos nombrar. Llevo días dándole vueltas a eso. A por qué nos cuesta tanto algo que debería ser de lo más simple: decir lo que sentimos y quedarnos donde decidimos quedarnos.

Y no lo escribo para tirar piedras desde la banqueta de enfrente. Lo escribo desde el cansancio de ser de los pocos que todavía juegan con las cartas sobre la mesa, en una mesa donde casi todos las esconden.

Andamos siempre con un ojo en lo que sigue, con esa sospecha de que ahí afuera hay alguien un poquito mejor, una versión más nueva de lo que ya tenemos enfrente. Y de tanto cuidar la puerta de salida, nunca terminamos de entrar a ningún lado.

Lo que más me pesa es lo mucho que nos cuesta hablar claro. Decir “oye, me gustas y quiero saber qué onda” sin que se sienta como saltar de un puente. Tener esas pláticas incómodas en vez de mandar indirectas para que el otro adivine. Pero no, mejor lo dejamos en el aire, sin nombre, porque mientras nada se dice nada nos puede salir mal. Le llamamos estar relajados a lo que en el fondo es puro miedo. Miedo a que nos digan que no. Miedo a que nos vean sintiendo de más. Miedo a quedar como el intenso de la historia.

Y la neta, yo no soy así. Nunca aprendí a hacerme el que no le importa, a tardarme en contestar a propósito para no parecer ansioso, a fingir indiferencia como si sentir fuera algo de qué avergonzarse. Veo a un chingo de gente jugando a eso y no lo entiendo. Esa duda cómoda en la que tantos se acomodan se siente segura —no te rompe nada— pero te va vaciando despacito, sin que te des cuenta, hasta que un día ya no te acuerdas de la última vez que sentiste algo de verdad. Yo prefiero romperme a vaciarme.

No sé en qué momento decidimos que era más digno fingir indiferencia que reconocer que alguien nos mueve. A mí me criaron distinto, o al menos eso quiero creer. Yo siento que el corazón no se hizo para andarlo midiendo a ver si conviene, a ver si aparece algo mejor. Se hizo para gastarlo. Aunque tiemble. Aunque a veces salga mal y duela un rato.

Por eso no pienso cambiar, aunque a ratos se sienta que voy a contracorriente. Quiero seguir siendo de los que dicen las cosas. De los que prefieren la claridad incómoda a esta mediocridad tibia donde todos quieren a todos a medias para no perder a nadie. Que me digan que no, pero que me lo digan. Que duela, pero que sea real.

Porque al final, para mí, siempre se reduce a lo mismo: o es todo, o tranquilamente no es nada.

Y esa zona gris donde tantos viven hoy no es libertad. Es miedo bien vestido.

Yo ahí no me quedo. Prefiero ir por todo, decirlo de frente y arriesgarme a perder, que vivir a medias para no perder nunca nada.

 
 
 

Entradas recientes

Ver todo
Conexiones editadas

Después de un buen rato bloqueado, volví a abrirme. Y no fue de la noche a la mañana. Fueron dos años de lecciones, de caídas, de arrepentimientos. De verme al espejo y no gustarme lo que veía, y aun

 
 
 
Me quedo con nada

La vida es lo que es, no lo que me gustaría que fuera. Y aceptar eso me está costando un chingo, así de simple. Nadie te avisa que madurar es básicamente esto: sentarte contigo mismo y aguantarte lo q

 
 
 
Versión en construcción

Hoy me acordé de ese fondo de dolor en el que estuve. Y no como quien quiere castigarse por el pasado, sino como quien necesita acordarse de dónde viene para no volver a perderse en los mismos lugares

 
 
 

Comentarios


bottom of page