top of page

Acordarme de mi fondo de dolor

  • Foto del escritor: Ram Barreda
    Ram Barreda
  • hace 3 días
  • 2 min de lectura

Hay algo bien raro con los momentos buenos.


Toda la vida nos enseñan a disfrutarlos, a agradecerlos, a descansar tantito… y está bien. Pero nadie te avisa de la trampa que traen: te hacen olvidar.


Últimamente varias personas me han dicho que soy egoísta. Otras me han dicho egocéntrico. Y mi primera reacción siempre es la misma, defenderme, justificarme, sacar todas las razones por las que están equivocadas. Pero la neta esta vez esas palabras me pegaron diferente. Me hicieron parar.


Porque me recordaron algo que llevaba semanas olvidando: lo fácil que es perder de vista quién eras cuando estabas roto.


Cuando todo va mal, las promesas salen solitas. Prometes cambiar, ser mejor, acercarte más a Dios, no volver a tropezar con la misma piedra, ser más humilde, más consciente, más agradecido. Y de verdad lo sientes. Pero luego la vida mejora… y ahí es donde te chingas. Porque empiezas a creer que ya entendiste la lección. Te confías. Aflojas. Dejas de hacer justo las cosas que te trajeron hasta aquí. Y sin darte cuenta ya andas pensando que la libraste.


Y si algo he aprendido es que de uno mismo nunca se libra.


Estas últimas semanas me he sentido más desconectado de Dios de lo que me gustaría admitir. Menos espiritual, menos presente, menos consciente. Y no es que haya decidido alejarme… simplemente di por hecho que todo iba bien. Y cuando todo parece ir bien uno deja de buscar respuestas, deja de hacerse preguntas, deja de mirar para adentro. Pero la vida no funciona así. Al menos no para alguien como yo.


Porque sigo siendo el mismo hipersensible de siempre, el que siente de más. El mismo que todavía carga con sus heridas. El mismo que sigue aprendiendo a quererse sin andarse escondiendo atrás de máscaras.


Y también, la neta, me ha costado un chingo aceptar la realidad. Aceptar quién soy. Aceptar las partes de mí que todavía no me laten. Aceptar que esto de aprender a quererme no es una línea recta. Hay días en que avanzo un montón… y hay días en que siento que vuelvo a empezar de cero.


Pero a lo mejor de eso se trata. No de llegar a una versión perfecta de uno, sino de mantenerte consciente. De acordarte de dónde vienes. De no olvidar a esa persona que hizo promesas en medio del dolor. De no dejar que los momentos buenos te quiten la humildad que aprendiste en los malos.


Todavía tengo un montón de cosas que trabajar. Todavía hay áreas de mi vida donde me cuesta estar presente. Todavía hay conversaciones que evito, emociones que no sé manejar y verdades que me duelen.


Pero hoy, por lo menos, ya lo veo. Y a lo mejor eso también cuenta como una victoria… porque hubo mucho tiempo en que ni siquiera era capaz de verlo.


Hoy lo veo. Y lo estoy intentando.


Por ahora, eso tiene que ser suficiente

 
 
 

Entradas recientes

Ver todo
Cicatrices y anclas

Hay una soledad que no tiene que ver con cuánta gente tienes alrededor. Es más silenciosa… más rara… más pesada. Hoy escuché a alguien decir que se sentía sola, incluso rodeada de personas, y no pude

 
 
 
Vivir tachando la lista

Es muy cabrón cómo me cuesta trabajo enfocarme en el presente. Puedo estar haciendo algo importante, algo que yo mismo busqué y que en teoría debería de emocionarme… pero mi cabeza está en otro lado.

 
 
 
Aceptar

Últimamente me ha costado estar en paz con mi realidad y la verdad es que es normal, aunque muchas veces uno quisiera que las cosas fueran totalmente diferentes. A veces me quedo pensando en cómo hubi

 
 
 

Comentarios


bottom of page