top of page

Vivir tachando la lista

  • Foto del escritor: Ram Barreda
    Ram Barreda
  • hace 2 días
  • 2 Min. de lectura

Es muy cabrón cómo me cuesta trabajo enfocarme en el presente.

Puedo estar haciendo algo importante, algo que yo mismo busqué y que en teoría debería de emocionarme… pero mi cabeza está en otro lado. Siempre en otro lado. Pierdo un chingo de tiempo pensando en lo que pudo ser. En conversaciones que ya pasaron, en decisiones que hubiera tomado diferente, en versiones de mi vida que ya ni existen. Y cuando no estoy ahí, estoy en el futuro: imaginando escenarios o preocupándome por cosas que ni siquiera han pasado. Y así, se me va el día.

Lo más raro —o lo más incómodo— es que sé que estoy haciendo cosas muy fregonas. Si lo veo desde afuera, voy increíble. Tengo un crecimiento profesional muy alto para mi edad, me estoy pagando mi propia maestría, estoy intentando crecer espiritualmente… o sea, en papel, voy ganando. Pero aún así, hay algo que no cuadra. Hay días donde siento un vacío raro. Como si nada terminara de llenar, como si no estuviera llegando a ningún lado aunque no pare de avanzar.

Me cacho viviendo en piloto automático, simplemente cumpliendo checks. Trabajo. Check. Maestría. Check. Resolver. Check. ¿Y luego? Es una frustración muy particular, porque no es que me falte algo claro que perseguir; es más bien una desconexión. Estoy haciendo, pero no estoy. Siento que todo está bien en la lista, pero no lo estoy viviendo de verdad. Es como si el éxito se hubiera vuelto una tarea más y no algo que se disfruta.

He pensado que tal vez no es que algo esté mal conmigo, sino que simplemente se me olvidó cómo estar aquí. Me acostumbré tanto a pensar en “lo que sigue” o en esa nostalgia de cuando la vida era más simple, que el hoy me parece insuficiente si no es espectacular. Y no, no tengo la solución mágica. Solo me he estado cachando más seguido cuando me voy. Literal decirme: "ya te fuiste otra vez". Y regresar. Aunque dure poco. Regresar a lo que estoy haciendo, a la conversación, al momento normal o hasta al incómodo… pero que es el único que es real. Porque si no, la vida se vuelve este viaje borroso donde todo pasa, pero tú no estás.

Algo que me ha dado un poquito de paz es dejar de querer entenderlo todo. Dejar de tratar mi espiritualidad como otro objetivo que alcanzar y verla más como un refugio. He intentado confiar un poco más. No en que todo va a salir perfecto, sino en que no tengo que tener claridad absoluta para estar bien. A veces confiar en Dios no es sentir certeza… es seguir caminando aunque no la tengas. No sé si esta sensación se me vaya a quitar pronto o si mañana me despierte sintiéndome diferente. Pero hoy, al menos por este rato, el plan es intentar estar aquí. Y ya. Con eso basta.

 
 
 

Entradas recientes

Ver todo
Cicatrices y anclas

Hay una soledad que no tiene que ver con cuánta gente tienes alrededor. Es más silenciosa… más rara… más pesada. Hoy escuché a alguien decir que se sentía sola, incluso rodeada de personas, y no pude

 
 
 
Aceptar

Últimamente me ha costado estar en paz con mi realidad y la verdad es que es normal, aunque muchas veces uno quisiera que las cosas fueran totalmente diferentes. A veces me quedo pensando en cómo hubi

 
 
 
Todo va a estar bien

Todo va a estar bien. Aunque la cabeza vaya a mil por hora. Aunque el presente pese. Estoy aprendiendo a aceptar las cosas como son… no como me hubiera gustado que fueran. Y también a confiar en Dios

 
 
 

Comentarios


bottom of page